A punto de dar carpetazo al año 2011 y viendo las cosas como están solo se me ocurre decir aquello de “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy” de cara a lo que pueda venir en el 2012. Pero voy a ser positiva.
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Fuente: soygik.com |
El año que concluye hoy ha estado salpicado de cosas buenas y cosas no tan buenas, de muchas alegrías y alguna que otra tristeza, de enfermedades de familiares y amigos que nos han tenido (y aún nos tienen) en vilo, de personas cercanas con algunos problemas por culpa de la crisis, de abuelos que se fueron para nunca más volver...
Han sido 12 meses de pañales, de mocos, de dientes, muelas y vacunas. De biberones y purés de verduras. Un año de aprender a caminar, de aprender a subir escaleras, de caerse y volverse a levantar. Un año de chichones y moretones. De manos pequeñitas que se aferran a tí, de abrazos y besos, de Baby Einstein y Cantajuegos. De preocupaciones por fiebres, de primeras experiencias y de descubrir cosas nuevas. De ojazos azules que te miran con amor. De querer a personas con todo el alma.
48 semanas de compañeros de trabajo que dejan la ambulancia para irse al Hospital, de bajas maternales, de permisos retribuídos y de asuntos propios. De guardias extrañas, de avisos graves y de traslados a Urgencias. De cursos de reanimación y de politraumas. De Jornadas Task Force y multiaventura.
365 días de cuadrar turnos, vacaciones, horarios y guarderías. De nuevos retos iniciados, suspendidos y pendientes. De reuniones familiares y fiestas del pueblo. De viajes a la nieve y a la playa. De 40000 km en coche.
8.770 horas de descubrimiento 2.0, de vídeos, de blogs y de personas maravillosas detrás de avatares estáticos. De Gdocs, post a seis y cuatro manos, de photopeachs y 140 caracteres. De abrazos cálidos, de proyectos de futuro, de salud 2.0 y de miradas diferentes.
525.600 minutos de querer hacer las cosas bien, de intentar ser buena madre, de procurar hacer felices a los demás, de ser positiva y menos cabezota. De preocuparme lo justo por las cosas que realmente no lo merecen, de sacar lo mejor de mí en cada momento, de ayudar en lo que podía y de darme cuenta que puedo ser aún mejor en cada cosa que hago. De no darme por vencida y de pensar que en esta vida, los límites muchas veces son autoimpuestos.
31.536.000 segundos de pensar que puedo ser mejor persona, que he dejado cosas por hacer que no me hubieran costado tanto. De intentar controlar mi carácter y de arrepentirme de cosas que hago o digo cuando no soy capaz de hacerlo.
En poco más de 12 horas este año 2011 dará paso a un 2012 que se prevé difícil. Llamadme ilusa, pero yo soy de esas que piden deseos con cada uva y este año no va a ser una excepción. No suelo despilfarrar deseos en cosas materiales; los deseos a veces se cumplen, así que hay que ser un poco cuidadosos a la hora de desear, no se puede desear "sin ton ni son". No es que haya que hacer una lista y aprenderla de carrerilla para ir diciendo cada deseo de memoria según caen las campanadas. Yo siempre tengo los mismos deseos que renuevo cada año. En ese sentido prefiero pedir poco a poco que de golpe, quizá crea que de esa manera se me concederán con mayor facilidad. Ni siquiera tengo 12 deseos, tengo cuatro o cinco y los repito una par de veces, por si acaso hay interferencias o mala conexión.
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Fuente: novakida.es |
Hoy, al filo de la media noche, con mis 12 uvas peladas (y sin pepitas), con mi copa llena de cava y con mis seres queridos cerca esperaré, con una pizca de nerviosismo, que acaben los cuartos y empiecen las 12 campanadas. Haré un rápido balance del 2011 y recordaré todas esas cosas personales que tengo que mejorar en el 2012. Y cuando el reloj marque las 12, entre miradas, risas, uvas y algún comentario de ¡Que me ahogo! a mi alrededor, desearé lo mejor para todos vosotros.