Se acerca la Navidad y con ella las comidas o cenas de empresa, las reuniones familiares y las noches de fiesta. Como cada año durante estas fechas la DGT aumenta sus esfuerzos para concienciar a todos los conductores de lo peligroso que es conducir bajo los efectos del alcohol.
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| Foto: anieto2k vía Flckr |
Seguro que habéis visto estos días el ¿nuevo? anuncio de la campaña de la DGT. Estas navidades han decidido rescatar del baúl de los recuerdos a Stevie Wonder y su famoso "Si bebes no conduzcas" para recordarnos que volante y alcohol no son compatibles. Una campaña de hace 26 años que sigue estando tan vigente como el primer día, ya que según la propia DGT el alcohol al volante está relacionado con la tercera parte de los accidentes mortales y conducir bebido multiplica por nueve el riesgo de sufrir un siniestro.
Aumento del tiempo de reacción, problemas de visión, incremento de la somnolencia, pérdida de control, excitabilidad o problemas de coordinación son sólo algunos de los efectos que provoca la ingesta de alcohol y que interfieren con la conducción. Muchas veces te tomas un par de copas y coges el volante pensando que estás bien, "que controlas", que son unos pocos kilómetros y que no va a pasar nada. Y pasa...
... Son las 5 de la mañana de un 17 de Diciembre. Suena el teléfono. Mi compañero habla con el Centro Coordinador. Aunque yo ya estoy con los ojos abiertos, me dice:
- Esther, despierta, tenemos un aviso. Un accidente de tráfico con una persona atrapada.
Me despejo en 1 milisegundo. Me levanto como un resorte, me pongo las botas y salgo disparada escaleras abajo. Subo a la ambulancia y pregunto si sabemos algo más mientras me voy terminando de atar los cordones. El teléfono vuelve a sonar en ese mismo instante. El médico asiente con la cabeza a lo que le dicen del otro lado de la línea telefónica. Un "vale, estamos de camino" cierra la conversación.
- ¿Qué te han dicho? -le pregunto, esperando que no sean malas noticias.- Es un accidente con dos heridos, jóvenes. Volvían a casa de una cena con los amigos y al parecer el conductor se ha quedado dormido. Han dado vueltas de campana. El que conducía ha salido por su propio pié, está consciente pero bajo los efectos del alcohol, le duele una pierna. Dice que su amigo también había bebido. El que está dentro del coche no responde y respira con dificultad. Los bomberos están de camino.
¡Uff! No, no son buenas noticias. Y menos en estas fechas. Deseo con todas mis fuerzas que todo salga bien. No puedo evitar pensar en las familias de estos jóvenes.
Está todo oscuro y tranquilo, apenas perturbado por los destellos de los rotativos de nuestra propia ambulancia. De camino al lugar del incidente intento hacerme una composición de lugar previa con los datos que me ha dado mi compañero. Repaso mental de protocolo, dosis de fármacos, posibles interacciones y contraindicaciones según lo que hayan bebido o tomado y material que hay que sacar de la ambulancia. Repartimos tareas.
Hace mucho frío así que hay que tener cuidado con la hipotermia de los accidentados. Me aseguro de que hay sueros suficientes en el calientasueros. Compruebo que funciona la linterna del casco y que tengo guantes de sobra en los bolsillos. Le digo al Técnico que coja algunas gasas y compresas más y un par de vendas.
- Estamos llegando -nos dice el conductor.
Vemos a lo lejos varios coches parados con las luces puestas. Uno de ellos es el coche de la Guardia Civil. Los Bomberos todavía no han llegado. Me pongo los guantes. Me sujeto el casco. Cojo aire profundamente. Miro al médico. No hacen falta palabras, ambos sabemos lo que tenemos que hacer. Le digo a los Técnicos:
- Vamos chicos. Es hora de trabajar.
Me bajo de la ambulancia asegurándome en todo momento de que no hay peligro. Cojo mi mochila, unos sueros calientes y salgo corriendo hacia el coche accidentado. Noto cómo se acelera mi pulso. Músculos en tensión. Todos mis sentidos alerta. La adrenalina endógena empieza a hacer efecto. Es el momento de poner en práctica todo lo que sé. Todos mis conocimientos y habilidades al servicio de unas personas que lo necesitan.
Es mi trabajo, y me apasiona, pero preferiría no tener que atenderte en estas circunstancias, por algo que se podría haber evitado.
No quiero tener que enfrentarme a los ojos de tu familia para darles una mala noticia.
Así que CUÍDATE.


